Cinismo institucionalizado

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No hace mucho leí un texto escrito por un (supuesto) padre reciente que hablaba, en negativo, de lo que él calificaba como “la épica individual de la crianza”, acusaba a los progenitores de su misma generación de adorar a sus hijos “como a un Dios” (sic) y afirmaba asistir “con espanto al dictado infantil de las decisiones adultas”.

Reconozco que, tras todos esos exabruptos, había alguna reflexión interesante, incluso acertada, pero absolutamente anegada en una insostenible superioridad moral, un egocentrismo tan supino (y tan supremo) como para que el autor se atreviera a adjudicarse una visión mucho más clara, más diáfana, de la paternidad, sólo por el hecho de aplicar sobre la misma una visión radicalmente cínica.

El problema, sin embargo, no está en el propio artículo. Si no en que es síntoma de algo más grave: la rapidez con la que determinada visión cínica, distanciada, sobre la paternidad se está abriendo paso en nuestra sociedad.

Vivimos en un entorno que cada vez se ha hecho más individualista. Más egoísta. Así que la experiencia de tener un hijo, de volcarte en él e incluso de romper con tu estilo de vida anterior para cuidarlo, choca frontalmente con el hedonismo aburguesado al que nos ha acostumbrado la sociedad de consumo contemporáneo. Si nosotros, como individuos, estamos convencidos de ser el centro absoluto del universo, ¿por qué deberíamos abandonarlo todo y volcarnos en el cuidado de otro ser humano?

Según las teorías del filósofo Zygmunt Bauman (autor de la noción de la sociedadlíquida), en el mundo actual, las relaciones se miden en términos de coste y beneficio, así que el desarraigo afectivo, la capacidad de distanciarse de los demás, se considera una condición indispensable de éxito individual. ¿Dónde encaja, dentro de ese esquema de comportamiento moral y sentimental absolutamente económico, la experiencia de la paternidad?

No lo hace, pura y simplemente.

No hace falta más que sostener a un bebé en brazos (ni siquiera hace falta que sea tuyo) para darse cuenta de su fragilidad, de su necesidad de cuidados, de atención constante. Que un niño crezca y se sostenga en pie, se alimente y se vista solo, no significa que pierda su condición frágil. Al contrario. Necesita tanta (incluso más) ayuda, apoyo y comprensión respecto a cuando acababa de salir del vientre de su madre.

Que se nos den todas las facilidades del mundo, e incluso se incentive, que pasemos tiempo sin hijos, sumergidos en nuestra individualidad (de ahí esa proliferación de guarderías dentro de los centros comerciales), indica hasta qué punto los niños resultan molestos dentro del esquema egocentrista de nuestra sociedad de consumo.

Me horroriza, a nivel personal, imaginar la sensación de desprotección, de abandono, que puede tener el (supuesto) hijo del autor del artículo antes mencionado si la experiencia no altera esa visión tan cínica de su papel como padre. Nuestros hijos no deberían recibir los daños colaterales de nuestras limitaciones, ni de nuestros traumas personales. Al contrario: deberían empujarnos a superarlos.


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4 comentarios:

  1. Amigo Tonio, me ha encantado leer este texto tuyo. Hay algo perverso en la unión inevitable de cinismo y egoísmo, y es que conduce al narcisismo. Tan aceptado y ensalzado en nuestro tiempo, donde los hijos son sólo piezas adicionales de la propia imagen, lo que creo que soy. Rompamos el hechizo !! Recuperemos el Vínculo!!

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  2. ¡Gracias! Tristemente, la sociedad de consumo nos empuja a mirarnos el ombligo para no romper jamás el círculo vicioso que mantiene la rueda girando. Totalmente de acuerdo contigo en que hay que aspirar a algo más, sobre todo para no encadenar prematuramente a nuestros hijos...

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  3. Que triste pero cierto, hay tanta gente que tiene hijos a lo pinterest.... Para que queden bonitos en las fotos y en su idea de evolucion de la vida, pero sin querer modificar su dia a dia, y claro al final los bichos raros somos los que decidimos priorizar su bienestar al nuestro y te vienen con esas historias de que lo.estas malcriando, que no se va a desenganchar de tus faldas hasta su boda, etc etc etc

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    1. Cierto. Falta mayor consciencia sobre la responsabilidad que supone traer a una criatura al mundo, atender a sus necesidades (y no solamente las fisiológicas)... No le veo mucho sentido tener un hijo "porque es lo que toca", sobre todo si uno no está dispuesto a renunciar a nada.

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