Quiero ser

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Quiero ser siempre el papá que ayuda a M. a disfrazarse y luego se pone también una careta.
El que canta “La puerta hacia el amor” a voz en grito en el coche.
El que le hace volar por toda la casa como si fuera un avión, aterrizaje forzoso incluido.
El que improvisa cuentos a partir de los personajes y objetos que él sugiere.
El que le dibuja a Pocoyó, a Doraemon, a Peppa Pig o a quien haga falta en cada momento.
El que se sube a los toboganes y a las barras y a los balancines y a los caballitos.
El que sabe exactamente dónde hay que tocarle para que se retuerza de las cosquillas.
El que le enseña trucos de magia sin dejar jamás de disfrutar de ellos.
El que le coge de la mano al cruzar los semáforos y luego le suelta para que se sienta libre.
El que sabe cuáles son sus helados preferidos de cada marca.
El que le pone la mano en la frente como barrera para que el agua de la ducha no le llegue a los ojos.
El que le sopla la comida para que no esté caliente (incluso cuando no lo está).
El que deja la mochila del colegio preparada cada mañana.
El que le abraza cuando tiene pesadillas o un ataque de tos nocturno.
El que tocándole la frente y el cogote a la vez sabe si tiene algo de fiebre o no.
El que lo saca dormido del coche y lo lleva en brazos, a peso, hasta casa.
El que, cuando tiene una rabieta, le abraza y le susurra que entiende sus sentimientos.
El que siente una punzada de tristeza cada vez que lo deja en la puerta de su clase.
El que no puede dejar de pensar en él ni un instante cuando está enfermo.

No quiero ser el papá que llega agotado a casa y tiene que esforzarse por atenderlo.
Ni el que se enfada cuando no le hace caso, o hace justo lo contrario de lo que le he pedido.
Ni mucho menos el que se aísla de todo porque tiene ganas de estar solo.

Quiero ser mi mejor yo, básicamente, para que él también acabe siendo su mejor versión.


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