Sobre la nueva masculinidad

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Cuando hablamos de paternidad consciente, acostumbramos a girar en torno a la idea del cambio de paradigma social, pero también de percepción colectiva, respecto a lo que representa la figura del padre dentro de la crianza. De lo importante que resulta que nos impliquemos, que vivamos (y disfrutemos) esta experiencia, rebelándonos contra todas las ideas tradicionales en torno a las que crecimos y que la sociedad sigue queriendo imponermos.

Pero ¿qué pasa con nosotros, los hombres, más allá de nuestro papel como papás?

Volcarse en la paternidad es un paso adelante hacia el autoconocimiento, sin duda. Pero creo que es necesario ir más allá. Que urge replantearse en profundidad, con madurez, nuestro papel como representantes de lo masculino dentro de la sociedad contemporánea, y preguntarnos hasta qué punto determinadas ideas, costumbres, comportamientos, siguen teniendo sentido más allá de cierto impulso conservador.

Me parece imprescindible que nos recoloquemos como hombres. Que nos hagamos conscientes de quiénes somos, de por qué, y reelaboremos nuestras relaciones más próximas en consecuencia.

Al fin y al cabo, en una sociedad que tiende hacia la paridad, ¿qué sentido tiene, sin ir más lejos, seguir conservando la figura del macho alfa, la del cazador-recolector, más allá de para intentar compensar alguna inseguridad mal asumida?

El reciente repunte del machismo que se ha dado entre los adolescentes de nuestro país, y sobre todo la carga machista y controladora de algunas relaciones sentimentales tempranas, no dejan de ser, en realidad, síntomas de inseguridad, de miedo. Si un hombre confía en sí mismo, y sobre todo en su pareja (algo, por otro lado, imprescindible dentro de una relación sana), ¿por qué va a necesitar controlarla?

Hace tiempo que escribo, en otros lugares, sobre lo que yo llamo nueva masculinidad. O lo que es lo mismo, sobre la evolución relacional que he venido observando dentro de mi generación (y posteriores) y que a algunos de nosotros nos ha llevado, de forma natural, seguramente como reacción al ejemplo de nuestros propios progenitores, a crear vínculos de pareja cada vez más equilibrados, más igualitarios.

Algo que se extiende, en realidad, a todo lo que significa, hoy en día, ser hombre. Si uno está seguro de sí mismo, y de su propio concepto de la masculinidad, ¿quién nos obliga a seguir los prototipos establecidos socialmente? ¿Qué marcador genético dice que los hombres no podemos llorar? ¿O que no somos capaces de tener muestras de cariño entre nosotros (más allá de los apretones de manos y las palmadas en el hombro)? ¿O que resulta imposible que compartamos una tarde de compras e incluso nos atrevamos a dar nuestra opinión sobre lo que nuestra pareja se prueba?

No confundamos la heterosexualidad con el machismo. Liberémonos también nosotros de las cadenas que nos oprimen y transmitámosle a nuestros hijos una forma más sana, más equilibrada, de concebir la masculinidad.


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6 comentarios:

  1. Muy clarito y muy bien escrito. Es hora de abrir ese jugoso melon del mundo emocional del hombre y demostrarnos lo fuerte que somos cuando somos capaces de mostrar nuestras emociones. Escribamos nuestro presente asi. Estamos preparados.

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  2. Que de acuerdo estoy y como me gusta leer estas cosas. Un gusto pero sobre todo un ejemplo. Gracias.

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  3. Gracias por tu post Tonio. Hay quien dice que el Siglo XX fue el del cambio en las mujeres, que con su tranformación personal y colectiva cambiaron el mundo para siempre, abriendo el camino para la liberación de los hombres. Y parece que el reto lo tenemos ahora en nuestro tejado y está en nuestras manos cambiar el mundo del Siglo XXI transformando y liberando las identidades masculinas, y la paternidad consciente y la implilcación en los cuidados es un terreno abonado. ¡¡¡Muchas gracias y ánimo!!!

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  4. Muy bueno tu articulo.Ahora, por lo menos en los mundos habituales que concurro, chocan las realidades.Los estereotipos siguen existiendo aunque produzcan toda clase de victimas a diario. Así, por meses, hombres queman, asesinan a sus familias o a sus exs.La sociedad huye horrorizada, luego todo calma y los medios esperan la prox victima. Casi nadie mueve el carro en el sentido de la educación, en la adaptación y en la eliminación de la violencia, que barre todos los temas.Sean hombres o mujeres.

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  5. ¡Muchas gracias a todos! Efectivamente, todos tenemos que poner nuestro granito de arena para lograr que, aunque sea poquito a poquito, vayamos cambiando la percepción de lo que debería ser la masculinidad. Si la sociedad cambia, nosotros tenemos que cambiar con ella: no tiene sentido que conservemos pautas de comportamiento anticuadas...

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