#viernesdelespectador: Ponyo en el acantilado

/
0 Comments
Mal que nos pese, como padres tendemos a querer transmitirle a nuestros hijos, aunque sea de forma indirecta, nuestros gustos personales. Sea poniéndoles series de nuestra infancia, películas que nos han marcado personalmente… Intentando, al fin y al cabo, tender (y compartir) vínculos sentimentales con nuestros hijos.

Eso es algo que, mejor o peor, he intentado evitar dentro de lo posible con M. Algo que, como os podréis imaginar, ha supuesto un notable esfuerzo para mí (si hay algo que me sobra, la verdad, son series y películas que recomendar) con la idea de respetar sus gustos y dejar que se desarrollen a su ritmo, sin que yo los marque.

Una de las excepciones a ello ha sido el cine de Hayao Miyazaki.

Los que conozcan algo de mi faceta de crítico de cine sabrán que soy un enamorado de la obra del director de Porco Rosso. Que adoro todas y cada una de sus películas, incluso las fallidas, y que me cuesta encontrar un concepto de la aventura, de lo maravilloso, tan puro, tan absoluto, como el que desprende su obra.

Y, al mismo tiempo, es un director que no recomendaría alegramente a cualquier niño. Al menos, no todas sus obras. Creo que es mejor conocerlo de forma gradual, a partir de algunas películas determinadas, aquéllas más enfocadas al público infantil, para luego ir abriéndose camino hacia las más complejas.

Las que creo que resultan más accesibles en su obra son tres: Mi vecino Totoro, Nicky, la aprendiz de bruja y de la que hoy os quiero hablar, Ponyo en el acantilado. ¿Por qué recomendar, entonces, esta última?


Entre todas las razones que podría argüir, una de las más poderosas es que es una de las obras más tardías de Miyazaki (después solamente ha rodado otra más, la polémica El viento se levanta), y por lo tanto es un resumen cuasiperfecto de su estilo y de su espíritu. Pero también que, aunque no lo parezca, es una obra de experimentación, en la que Studio Ghibli se lanzó a crear una obra íntegra y exclusivamente animada a mano, sin la ayuda de ordenadores (atención a la reproducción del agua: es realmente espectacular).

Pero, por encima de todo, Ponyo en el acantilado es una relectura en clave ecológica, y narrada desde la inocencia de la infancia, de “La sirenita” de Hans Christian Andersen. Es una historia de amor delicada, entrañable y mágica y, sobre todo, lo que cuenta es tan universal que le puede tocar el corazoncito a cualquiera.

Y encima tiene una de las canciones finales más pegadizas de la historia. Cada vez que la escucho, me cuesta días quitármela de la cabeza...



Tambien te gustara

No hay comentarios:

Entradas populares

Con la tecnología de Blogger.