#viernesdelespectador: Jake y los piratas de Nunca Jamás - El regreso de Peter Pan

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Arranco una sección en la que espero, de viernes en viernes, hablar de algunas de las películas que mejor nos han funcionado con M. y que, por las razones que sean, nos parecen especialmente recomendables, y al menos, con una cierta carga pedagógica.

Para empezar, he optado el primero de los telefilmes que Disney Television Animation produjo a partir de la serie Jake y los piratas de Nunca Jamás, una de las preferidas de M. y, en mi opinión, una de las derivaciones más interesantes que ha producido el esquema seudointeractivo de Dora la Exploradora (seguramente, porque prefiere pone por delante la narración de una historia a la rigidez estructural de la producción de Nickelodeon, algo que también hereda otra imitación Disney como La casa de Mickey Mouse). Como aquélla, su concepto de la aventura no es en absoluto violento, sino que se basa mucho en la resolución de problemas y en la colaboración.

Como su propio nombre indica, El regreso de Peter Pan marca la primera aparición del personaje de J.M. Barrie en la serie (lo cual no deja de ser curioso, estando ambientada en su universo literario), y lo hace de forma natural e interesante. Es, lógicamente, una versión menos conflictiva que la original (aunque igual de carismática, gracias sobre todo a un rediseño espléndido), dirigida a niños pequeños, de ahí que, además de su función de héroe clásico, ejerza de mentor para los protagonistas y les aliente a trabajar en equipo para enfrentarse al Capitán Garfio.


A diferencia de los episodios convencionales (que de vez en cuando incluyen una canción, más la de cierre, en los créditos finales), los telefilmes de Jake y los piratas de Nunca Jamás intercalan dentro de la trama varios números musicales obra de los compositores de la serie, Loren Hoskins y Kevin Hendrickson. Y seguramente algunas de las melodías más pegadizas que han creado para la misma estén en El regreso de Peter Pan: a M. le gusta especialmente «No puedo volar» (de hecho, solemos canturrearla todos después de verla, es difícil quitársela de la cabeza).

Jake y los piratas de Nunca Jamás dura menos de 50 minutos, está narrada de forma ágil, pide una cierta interacción a su joven público y, encima, traslada un interesante mensaje de autosuperación y de defensa del trabajo en equipo (en el que, detalle nada gratuito, hay una chica, Izzy, tan activa y tan heroica como sus compañeros). ¡Realmente considero que es una buena forma de empezar los #viernesdelespectador!


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